Sara proviene del resguardo indígena Lame, del departamento del Cauca, Colombia. Actualmente está exiliada en Barcelona. En su visita a Pamplona para participar en el ciclo de Formacción en Soberanía alimentaria y Defensa del territorio, en noviembre de 2023, tuvimos la oportunidad de hacerle una entrevista.

¿Quién es Sara Perdomo Valencia? ¿Cómo te definirías?

Soy una mujer que reconoce y siente que ha crecido en una familia muy llena de amor y muy arraigada al territorio.

Me considero una mujer muy fuerte, valiente y, sobre todo, muy segura y convencida de lo que realmente quiere hacer. También una mujer a la que le gusta enseñar y compartir lo que sabe. Por eso sí elegí muy bien mi profesión, porque realmente es lo que me llena: poder educar y ayudar a que los niños, principalmente de mi comunidad, que están muy vulnerables, puedan encontrar un horizonte, y de cierta forma las niñas vean en mí algo que en algún momento puedan llegar a ser.

Háblanos un poco de tu territorio, de tu región.

Yo vivo en el departamento del Cauca, en la zona tierra, en el municipio de Paez, que es una zona conformada por indígenas, afros y campesinos.

Formo parte de los nasa, una etnia que ha estado en resistencia desde la llegada de los colonizadores y ha dado la cara por mantener sus costumbres y por mantener todo lo que hemos sido desde hace muchísimo tiempo.

Nosotros llevamos un proceso político muy fuerte en la búsqueda de ser soberanos, y para ser soberanos lo más importante para nosotros siempre ha sido el territorio. Y no como una forma de explotación o de que produzca, sino que el territorio es tu madre, y un hijo siempre tiene que cuidar a su madre. Siempre estamos dispuestos a retribuir y a cuidar lo que la tierra nos da, porque somos tierra y siempre cuando vamos a morir vamos a regresar a la tierra. Y eso es lo que siempre hemos defendido, porque es donde están enterrados nuestros antepasados y donde está nuestro ombligo. Nosotros cuando nacemos nuestros padres hacen un tipo de ritual: el ombliguito que se te cae lo entierran junto a la huerta o al fogón que hay en la casa para que una parte de ti siempre esté en la tierra.

Hablas de defender el territorio, ¿contra quién hay que defenderlo? ¿Quién lo amenaza?

Creo que uno de los principales problemas que han tenido los territorios indígenas y, en general, Colombia, es que tenemos muchos recursos naturales en la tierra, y eso es lo que siempre se ha buscado explotar. Desde tiempos coloniales los indígenas siempre han sido sometidos precisamente por eso, por querer defender lo que para nosotros es más que un pedazo de tierra, es más que un pedazo que puedas explotar y de lo que puedes obtener algo; sino que es nuestra espiritualidad, son nuestros sitios sagrados, y hay que cuidarlos.

Ha habido mucha organización social por parte de las comunidades indígenas para evitar que se exploten nuestros recursos naturales, al menos los que están dentro de nuestros territorios. Gracias a la consulta previa el estado nos otorgó poder elegir qué tipo de empresas o qué tipo de actividades pueden entrar a nuestros territorios. Y gracias a eso la mayoría de zonas protegidas que hay dentro del suelo colombiano son reservas naturales, y la mayoría están en territorio indígena. Pero no sólo es contra las multinacionales o contra las grandes empresas que quieren extraer recursos, también es por el conflicto armado, porque ahora hay muchos cultivos ilícitos que están financiados precisamente por los grupos armados. Los cultivos ilícitos han traído mucha guerra a nuestros territorios. Se han muerto muchas personas por evitar que entraran en nuestros territorios. Es complicado, ha habido muchas desarmonías territoriales. La gente se deja convencer, así que ante esto las comunidades indígenas tienen que hacer frente, crear líderes y crear conciencia de que lo más importante siempre va a ser la tierra, independientemente de la parte económica.

Has comentado la consulta previa, ¿qué otros mecanismos de defensa tenéis contra estas amenazas?

Desde siempre ha habido una organización que son las autoridades indígenas y ahora también ha estado muy organizada la Guardia Indígena: a los niños desde muy pequeños se les enseña cómo defender el territorio. Dentro de la comunidad una cosa es delegar a las autoridades, pero la autoridad no puede hacer nada sin el consenso de toda la comunidad. La clave de haber logrado lo que se ha logrado dentro del movimiento indígena ha sido pensar en colectivo, ha sido pensar en cómo nos va a afectar a todos y no en cómo va a favorecer a una sola familia. El pensamiento colectivo, el pensamiento comunitario que llamamos nosotros, permite que la gente, a pesar de saber a qué se está enfrentando, esté dispuesta a proteger el territorio. Se ha tratado de concientizar mucho principalmente a los jóvenes, porque son la población más vulnerable y los que son más fáciles de convencer. Se ha querido también darles a los jóvenes otras alternativas para que ellos puedan desarrollarse socialmente sin necesidad de recurrir a los cultivos ilícitos y los grupos armados, ya que el reclutamiento se ve mucho dentro de la zona. Se ha tratado de concientizar mucho el arraigo por la cultura, por tu comunidad y por tu territorio.

¿Y desde la educación? ¿Qué papel juega la educación en esta defensa del territorio?

La educación siempre ha sido una opción de resistencia. Ha sido el arma más fuerte que el indígena ha tenido para constituirse legalmente, porque a muchos de nosotros no nos enseñaron – a mis antepasados no les enseñaron a leer ni a escribir – y por eso dejaban que pasaran muchas agresiones. Entonces empezaron a buscar que los líderes tuvieran al menos una noción de las leyes, para saber cómo puedes pelear y qué medios tienes.

Los líderes siempre hablamos mucho de las escuelas políticas para que los jóvenes se involucren. Ha habido muchos frutos, especialmente con los niños más pequeños. Lo que siempre se ha dicho y lo que siempre se ha querido es que te enseñen que tú donde estés siempre vas a ser indígena, que tú donde estés siempre va a ir tu familia contigo y tu territorio, con todo lo que eso implica. Hasta hace muy poco no se veía, por ejemplo, a los jóvenes indígenas portando ciertas cosas que son características de nosotros, como el sombrero, la mochila, algunas cosas que son hechas a mano, que muchas nos dan nuestras abuelas, nuestras madres… Creo que reivindica mucho y refleja que hemos avanzado. Antes a la gente le daba pena que le dijeran que era indígena, ahora es un orgullo. Los jóvenes antes no querían ser autoridad, ahora todos quieren.

Es muy fuerte el racismo, entonces.

Sí, el racismo es muy fuerte. Siempre nos dicen “estos indios” de forma despectiva, pero yo no soy india, soy indígena. Afortunadamente tanto insistir en reivindicar los valores culturales ha servido mucho: ahora si te dicen india no te ofenden, te están dando más fuerza.

Y en todo esto, ¿qué papel consideras que tenemos en el Norte?

Yo creo que lo más importante y lo que siempre nos ha afectado a nosotros mucho es que siempre nos hemos sentido inferiores en cuanto absolutamente a todo: físicamente, intelectualmente… y ese racismo creo que nos ha afectado a todos los latinoamericanos. Pero al estar aquí la visión de todo lo que tú tenías de Europa es muy diferente, porque yo me he sentido muy acompañada, me he sentido muy segura y muy tranquila.

Yo creo que el papel más importante dentro de las organizaciones que realmente quieren ayudar a Colombia es el apoyo a las personas que salen de su país, y especialmente a las que se ven forzadas a salir, porque no es lo mismo que tú vengas aquí en busca de un mejor futuro económico a que tú estés obligada porque tu pensamiento y tu resistencia frente a tu territorio ha causado que actores armados te amenacen. Yo pienso que dentro de las organizaciones se puede ayudar a esas personas que han salido y que buscan solamente tranquilidad y seguridad. No más el hecho de que reciban a alguien, que la acompañen, o que traten de mitigar un poco lo que hay allá con su colectivo. Es algo que uno agradece mucho.

También la sensibilización me parece muy importante. Porque al venir he escuchado lo que le pasa a la gente aquí, pero es importante que sepan también que lo que pasa aquí pasa allá, pero a mayor escala y con más consecuencias. A veces vivimos en una burbuja y pensamos que a nosotros nos pasa lo más malo, pero al sensibilizar y ver que los problemas son muchos y que de cierta forma tú puedes ayudar al menos a una persona, es muy importante.

Si te apetece añadir algo más, o si te has quedado con ganas de compartir algo…

Estoy muy contenta de estar aquí, de haber visto que no solamente tenemos problemas en Latinoamérica, sino que en Europa también pasan cosas muy similares y que la gente también ha luchado y ha resistido por mantener de una u otra forma su territorio. Me llevo muchas cosas buenas.

Agradecer y esperar que se puedan organizar en comunidad y en colectivo como nosotros, porque eso hace mucho la diferencia.

Muchas gracias, Sara.

Como bien dices, todos somos tierra y a la tierra regresamos, esperamos que puedas regresar a tu tierra.